Las actividades eran intensas en el Grupo Aéreo No.9 en la base de Arequipa, Perú durante la soleada mañana del 30 de Junio de 1972. Los mecánicos daban los últimos ajustes a dos enormes bombarderos Canberra B.68 del Escuadrón 992, que estaban por realizar un largo y misterioso vuelo. A pesar de que dos aviones estaban siendo preparados, uno sólo realizaría el vuelo. Tanta preocupación y coordinación era debido a la importancia de la misión, pues en caso que algo le sucediera a último momento a uno de los aviones, el otro realizaría el vuelo.
Las tripulaciones estaban listas, cada bombardero volaría con tres hombres que luego de pasar por Operaciones Aéreas, fueron al area de equipamiento y de ahí a la sala de Tráfico Aéreo, donde se informarían de la situación meteorológica en la ruta y en destino, con énfasis en la dirección e intensidad de los vientos predominantes, que se sabían fuertes, sobretodo en destino.
El vuelo tendría su inicio en Arequipa, y su destino era el aeropuerto de Ezeiza en Buenos Aires, Argentina. El nivel de vuelo escogido era de 40,000 piés de altura por la aerovía UA-24, que sobrevolaba La Paz, Cerro, Rosario y finalmente Buenos Aires. La duración estimada del vuelo sería de tres horas quince minutos, y el aeropuerto alterno en caso que las condiciones meteorológicas empeoraran, sería Córdova, distante unos 45 minutos de vuelo de Ezeiza. La autonomía de la nave era de 4 horas 30 minutos de vuelo, lo que le daría una razonable reserva de combustible para volar otros 30 minutos hacia una alternativa secundaria.
Los Preparativos
Tripulaciones en sus posiciones ! Las dos aeronaves
tenían sus turbinas accionadas exactamente a las 0934 horas. A las
0940 empezaron a rodar por el taxi-way hacia la cabecera de la pista principal
del aeropuerto de Arequipa y precisamente a las 0945 horas, el Canberra
de matrícula FAP-245 (número de serie 71501), ostentando
su tradicional camuflaje en dos tonos de color café utilizado por
los aviones de la FAP, decolaba normalmente e iniciaba su largo viaje al
sur del continente. El otro Canberra, aeronave de reserva, retornaba al
estacionamiento del Grupo Aéreo No.9, terminando así su "breve"
misión !
La tripulación del FAP-245 estaba constituída por tres oficiales: su comandante era el Teniente Coronel de Aviación Pablo Varela Novella, de 39 años; su segundo piloto era el Mayor Oscar Carrera de 34 años y como navegante estaba el Capitán Víctor Zeballos de 30 años. Los tres tenían suficiente experiencia en ese tipo de aeronave y en viajes internacionales de ese tipo, para realizar la misión sin contratiempos.
El interés de la misión era realizar el mismo día el viaje Arequipa-Buenos Aires-Arequipa, al parecer con el propósito de entrenar a sus tripulantes en el transporte de la valija diplomática. Otra versión del Tnte.Crnl Varela, al ser rescatado, era la de realizar un salto en paracaídas. En general, un gran misterio envolvía la misión. Cuál sería la verdadera razón del vuelo, que tuvo tanto celo en su planificación y en las precauciones operacionales ?
El Canberra alcanza el nivel de vuelo pre-establecido y prosigue normalmente en la ruta prevista. Pasa sobre La Paz, Bolivia, luego Cerro, donde la visibilidad era completa, delineándose completamente la Cordillera de los Andes. Pasando Cerro, comienza a aparecer una camada de nubes bajas (estratos), que cubría completamente la ruta a manera de un gran tapete blanco, y en las proximidades de Rosario, las nubes comienzan a intensificarse y a restringir el nivel de vuelo, que ya tenía turbulencia de intensidad moderada.
El Accidente
Cuando se encontraban apenas a 180km de Ezeiza
y tenían ya su descenso autorizado en condiciones de vuelo instrumental,
fueron llamados por la torre de control de Buenos Aires, para informarles
que debían proseguir a la alternativa Córdova debido a que
Ezeiza cerraba sus operaciones y no había un estimado de apertura,
por lo menos en las próximas horas. Un frente frío con fuerte
turbulencia había llegado sorpresivamente a la región.
Al cambiar de ruta rumbo a Córdova, el FAP-245 entró en violenta turbulencia ocasionada por las grandes nubes Cumulus Nimbus. El radar fue avisado de una nueva ruta y otro nivel de vuelo para proseguir la misión, siendo ésta la última comunicación que la nave mantuvo con el controlador de Buenos Aires, pues a partir de ese momento todos los instrumentos de navegación y comunicación entraron en colapso total.
La Turbulencia aumentó, y la tripulación optó en proseguir en dirección opuesta a Córdova, a fin de no chocar contra la Cordillera de los Andes, manteniendo una pequeña rata de descenso, en la medida de lo posible, con la esperanza de atravezar el mal tiempo. Sinembargo, el Tnte.Crnl Varela difícilmente podía mantener los controles del avión.
Hubo un aumento en la intensidad de la turbulencia y el avión llegó a rebasar los límites de velocidad máxima y estructural, crujiendo acentuadamente y entrando varias veces en actitud de vuelo anormal. "El avión caía como una hoja al viento", y el Mayor Carrera trataba de ayudar en el control de la aeronave, pero era inútil pues el mismo no obedecía a los controles y seguía cayendo incontrolablemente. Al cruzar los 4,000 piés de altura conseguían salir de la espesa capa de nubes, quedando sólo la lluvia. Al rato, tendrían nuevamente condiciones visuales y podrían finalmente controlar al valiente y resistente Canberra.
Como tenían poco combustible, mantuvieron
su altura y empezaron a buscar una pista donde realizar un posible aterrizaje
de emergencia, al tanto que las insistentes llamadas por radio del FAP-245
a los controladores de Córdova y Buenos Aires, no eran respondidas.
Los instrumentos seguían inoperantes y el piloto no sabía
para donde seguir, despues de haber girado tanto dentro de la Cumulus
Nimbus.
Después de veinte minutos de buscar inútilmente
un lugar para aterrizar, y en vista que sólo les quedaba 10 minutos
de autonomía, los tripulantes optaron por abandonar la nave en paracaídas.
El primero en saltar fue el Capitán Zeballos, quien lo hizo a 4,000
piés de altura utilizando un paracaídas de pecho de apertura
automática. Luego del primer lanzamiento, el Tnte.Crnl Varela realizó
un vuelo circular para observar la apertura del paracaídas, luego
de lo cual le ordenó al Mayor Carrera que saltara, a fin de cayera
cerca del lugar donde caería el Capitán Zeballos. La salida
fue normal, utilizando un paracaídas dorsal de apertura manual,
el cual tenía la tela un poco rasgada, pero que le permitiría
llegar al suelo sin novedad.
Finalmente, al cruzar los 1,000 piés y
con las turbinas dando los primeros síntomas de apagarse, se eyectó
el Tnte.Crnl Varela. Cabe mencionar que el Canberra tiene un sólo
asiento eyectable, el que utiliza el piloto. Los otros dos tripulantes
deben utilizar paracaídas convencionales y abandonar la nave por
una escotilla inferior.
Después de que el último tripulante abandonó la nave, el Canberra siguió volando recto por unos instantes más, para luego hacer una curva decendente de 180 grados hacia la izquierda, estrellándose contra el suelo y arrastrándose por cerca de 300 metros. En el trayecto se iban desprendiendo las alas, motores y demás partes, sin explotar en vista que el combustible remanente era prácticamente cero.
El Rescate
Al llegar al suelo la sorpresa fue total, encontrándose
en un país con un idioma diferente al español...era
portugués, pues habían caído en Brasil, cerca de 70km
de la ciudad de Alegrete (442km de Porto Alegre) y donde muchas personas
los estaban esperando pues el vuelo del Canberra a baja altura había
depertado la curiosidad en los moradores del sector.
De los tres tripulantes, dos llegaron con escoriaciones
leves, donde el Mayor Carrera tuvo que ser llevado al Hospital Militar
de Alegrete por causa de luxación en su pié izquierdo. El
Tnte.Crnl Varela, después de caminar cerca de ocho kilómetros,
fue encontrado por Bráulio Machado, capataz de la hacienda de Neli
Pedroso. Tenía una herida en el ojo izquierdo, posiblemente causada
por el casco. Varela le dice al capataz: "Soy de Perú. Dónde
estoy? Lléveme a la mayor unidad del ejército de aquí."
Braulio le respondió que estaba en Alegrete, Brasil, a lo que el
oficial respondió: "Brasil y Perú son amigos. Yo sólo
quiero justicia" Se identificó diciendo que era un alto oficial
peruano y que había sufrido un grave accidente aviatorio.
Bráulio consiguió una mula y lo
llevó a 20km de ahí, donde lo entregó a Aladim Pires
da Silva, quien a su vez lo condujo hasta el Hospital Militar de Alegrete
donde fue atendido en sus heridas. El Capitán Zeballos no fue encontrado
en las proximidades del lugar previsto.
A los cuatro días del accidente, y con la presencia del Agregado Aéreo del Perú, acreditado en Brasil, Coronel Jorge Barbosa, los dos oficiales fueron transportados a Rio de Janeiro, de donde regresaron al Perú en un vuelo comercial.
La Búsqueda
La Búsqueda del Cap. Zeballos se intensificó
con el auxilio de tres aviones Neiva O-42 Regente ELO y un helicóptero
Bell UH-1D del 4° Escuadrón Mixto de Reconocimiento y Ataque
(EMRA-4), con sede en Santa María, pero no tuvieron ningún
exito. La no localización del Cap. Zeballos dió lugar a numerosas
especulaciones de los medios de comunicación, en donde incluso se
rumoraba que se trataba del ex-Gobernador Leonel Brizola disfrazado de
piloto, según reportaje la Revista Veja, en su edición de
12/07/72.
Después de cinco días de infructuosas búsquedas, se suspendieron los operativos aéreos. El ejército, la Policía de Alegrete y voluntarios, prosiguieron la búsqueda pero disminuyendo su intensidad a medida que pasaban los días. Se pensaba que el Cap. Zambrano se habría evadido del lugar o se encontraba escondido en alguna parte de la forestación cercana, pues se encontraron su paracaídas y el casco en las proximidades del avión.
EL 28 de Julio, a los veinte y ocho días del accidente, cerca de las 1320 horas, un cuerpo fue encontrado por Olinto Marcal, capataz de la Hacienda San Antonio de Simplicio Dorneles, aproximadamente a un kilómetro del sitio del accidente, y en total estado de descomposición. El cuerpo estaba totalmente deformado y cubierto por la vegetación que había crecido por las intensas lluvias. Vestía el característico uniforme de vuelo color naranja, característico de la FAP en aquellos días.
Análisis del Accidente
Fundamentado en la depresión formada en
el suelo y el amarillamiento del pasto, se presume que el cuerpo cayó
desde una gran altura, dando a pensar que al accionar el paracaídas
el Cap. Zeballos, posiblemente éste no estaba lo suficientemente
ajustado en las piernas y el pecho, por lo que se vió de pronto
liberado y suelto en el espacio, estrellándose contra el suelo desde
una altura superior a los 3,900 piés, teniendo una muerte instantánea.
El paracaídas cayó normalmente sin el cuerpo y el casco se le desprendió posiblemente por la acción del viento, cayendo a unos 100 metros del lugar en que cayó el paracaídas, lo que llevó inicialmente a unas conclusiones erróneas en el grupo de rescate, en el sentido que el Cap. Zambrano había escapado con vida. El cadáver se lo encontró a un kilómetro del paracaídas.
Un exámen analítico del paracaídas revelo que el mismo se encontraba con las presillas cerradas aunque rotas en las piernas y uno de sus tirantes en el hombro también estaba roto, lo que ocasionó que en la templada violenta al abrirse el paracaídas, el tripulante quede liberado y continúe su caída libre hasta el suelo, mientras que el paracaídas caía lentamente. Según las investigaciones posteriores, se llegó a la conclusión que el Cap. Zambrano se desprendió del paracaídas como quien se quita una camiseta polo, o sea por la cabeza, perdiendo el casco en el momento que su cabeza se enganchó con los tirantes del paracaídas. El exámen del forense, ayudado por la placa dentaria y las pertenencias encontradas, confirmó que el cadáver encontrado era del tripulante perdido, por lo que el 30 de Julio se trasladó el cuerpo a Rio de Janeiro en un Douglas C-47 del 5° Escuadrón de Transporte Aéreo (ETA-5), con base en Canoas, RS, para posteriormente ser embarcado para Perú, donde fue sepultado.
Consecuencias e Interrogantes
Un examen minucioso de los restos del avión
no encontró ninguna justificación para tanto misterio en
ésta misión. Todo indica que en aquel fatídico viaje,
la misión del FAP-245 era traer algo y no llevar !
Por las circunstancias narradas por los mismos
tripulantes, ellos no tuvieron tiempo para destruir cualquier material
abordo o algún documento que comprometiese lo secreto de la misión,
y decidieron saltar del avión en vuelo, sobretodo sin saber que
lo estaban haciendo sobre territorio brasileño. Por supuesto, éste
artículo expresa básicamente el punto de vista de los pilotos
peruanos y lo que contaron a las autoridades brasileñas. Si no es
verdad lo que dijeron, jamás se sabrá a ciencia cierta los
motivos del vuelo del FAP-245 que salió de Arequipa en el Perú,
con destino Buenos Aires, Argentina, pero que terminó trágicamente
en Alegrete, Brasil.
Reproducido de un artículo
publicado por el autor en la Revista Forca Aérea, Mar/Abr 1997
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